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Dietas bajas en carbohidratos: ¿son seguras?

La obesidad ya no es un problema aislado. En las últimas décadas ha aumentado de manera alarmante en la sociedad occidental. Para sobrellevar este problema, en los últimos años han surgido diversas “soluciones”  para controlar el sobrepeso. Algunas de ellas, sin embargo, son muy agresivas y perjudiciales para la salud, con lo que es fundamental informarse bien antes de empezar cualquier dieta demasiado estricta.

De entre estas tendencias, destacan las dietas bajas en carbohidratos. Una de las más conocidas es la dieta Atkins, que se ha hecho muy popular por ciertas celebridades que la siguen.

Sin embargo, muchos especialistas consideran que es este tipo de dietas son perjudiciales  para la salud a largo plazo. Entonces, ¿una dieta baja en carbohidratos es adecuada para adelgazar?

 

¿En qué consiste una dieta baja en carbohidratos?

Las dietas bajas en carbohidratos se caracterizan por una reducción drástica del porcentaje de hidratos de carbono que se consume a diario. En su lugar, se aumenta el porcentaje de proteínas y grasas.

En cuanto a las grasas, eso sí, no todas son aconsejables. Se debe optar por grasas saludables, que son las poliinsaturadas y las monoinsaturadas. Esta dieta constituye una alternativa a las típicas dietas hipocalóricas e hipolipídicas, que producen ansiedad y fatiga en las personas que se someten a ellas y suelen provocar efecto rebote cuando se vuelve a la rutina habitual de alimentación.

Dentro de las dietas bajas en carbohidratos, se pueden distinguir entre las que reducen el porcentaje de carbohidratos a menos del 45 % y las dietas cetogénicas, en las que la cantidad de hidratos de carbono no puede superar los 50-60 g al día.

 

¿Qué efectos tiene una dieta baja en hidratos de carbono para el organismo?

Según algunos nutricionistas, al aumentar la proteína en sangre y disminuir los carbohidratos, se estimula el metabolismo del tejido adiposo, con lo que se quema más energía con la misma cantidad de esfuerzo diario. ¿Por qué?

El organismo, al no obtener una cantidad suficiente de glucosa en sangre, debe recurrir a las grasas para obtener energía.

Una ventaja de esta dieta es su alto poder saciante, ya que las proteínas y grasas permanecen más tiempo en el estómago y fomentan, así, la sensación de saciedad.

Otra de las ventajas aparentes de estas dietas es que, al comienzo, la pérdida de peso es rápida, pero esta pérdida se debe a una pérdida de agua, no de grasa. Esto es así porque cada gramo de glucógeno almacena tres gramos de agua, con lo que, a menos glucógeno, menor cantidad de agua.

 

¿Cuáles pueden ser los efectos adversos?

El principal defecto de esta dieta es su mala adherencia: no son dietas fáciles ni agradables de mantener a largo plazo. Este aspecto es prácticamente igual o más importante que la propia dieta, ya que la capacidad de mantener unos hábitos saludables es lo que garantizará que los resultados de la dieta sean permanentes.

Las dietas bajas en hidratos de carbono también pueden producir cefaleas, estreñimiento asociado al descenso en el consumo de fibra, halitosis derivada de la creación de cuerpos cetónicos en la transformación de grasas en energía, calambres, astenia e hipotensión. Esta última se produce por la pérdida brusca de agua y por el desequilibrio que provoca en el balance de sodio del cuerpo.

 

¿Debo optar entonces por una dieta baja en carbohidratos?

Entre profesionales hay disparidad de opiniones al respecto, sobre todo en lo referente a su seguridad a largo plazo. Además, ningún estudio ha demostrado que su efectividad aumente con el paso del tiempo.

Algunos autores aseguran que es beneficiosa para el sistema cardiovascular y el metabolismo glucídico y que para una persona con un sistema renal y hepático que funcione de manera adecuada, no tendría por qué representar ningún problema. Eso sí, si sufres algún tipo de patología relacionada con estos órganos, sin duda evítala, ya que el exceso de grasas y proteínas los sobrecargarían.

Estas dietas, además, producen cetosis, una situación metabólica por la que se produce más cetona de la habitual en el organismo. No se trata de una patología, pero se debe controlar para evitar entrar en cetoacidosis, un estado metabólico común en personas que padecen diabetes y que sí comporta problemas graves para la salud.

 

Si estás pensando en empezar una dieta, lo más recomendable es acudir a un especialista en nutrición que te guíe y lleve un control durante el proceso. Al ser una dieta efectiva pero difícil de mantener, es posible que, aunque al principio te parezca que funcione, no te proporcione los resultados que buscas. Déjate asesorar: es probable que encuentres una manera de llevar una dieta saludable a largo plazo que, combinada con ejercicio físico moderado, te ayude a encontrar el equilibrio.

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